Ejercicios Espirituales

Veneración a los Sacratísimos y Benditos Corazones de Jesús y María


Durante una oración de monasterio, realizada el día 05 de diciembre de 2012 y bajo la guía espiritual de San Pío de Pietrelccina, fue entregada a la humanidad una Gracia: la de la Veneración a los Sacratísimos y Benditos Corazones de Jesús y María.

Luego de comenzada la oración, vimos cerca del grupo la presencia de cuatro ángeles que nos rodearon formando una cruz y orientándose en el sentido de los puntos cardinales. Sus ropas eran de color violeta y sus cabellos eran dorados, luminosos y llegaban hasta sus hombros; ellos nos acompañaron durante toda la oración.

En un cierto momento se dibuja, por encima del grupo, una estrella de seis puntas, como de oro resplandeciente. Dentro de ella y más hacia la izquierda, aparece un Corazón de luz. Este Corazón tenía una intensa luz blanca en su parte superior, la que se irradiaba en todas las direcciones; en su parte anterior tenía ocho pequeñas rosas blancas y abiertas, las que formaban parte de una corona de rosas que lo rodeaba.

Más tarde, mientras esa imagen se mantenía viva sobre el grupo, también dentro de esa estrella dorada pero esta vez más hacia la derecha, apareció otro Corazón. Este, en su parte superior tenía una intensa llama, como de fuego, y en la zona central derecha se observaba un corte, de donde brotaba una gota de sangre, como de cristal.

Un tiempo más tarde, la estrella comenzó a girar en sentido horario y, en ese instante pudimos percibir cómo la estrella y los dos corazones estaban vivos, tenían cuerpo y forma, no era una imagen estática, sino que se movía en el espacio.

Cuando la estrella y los corazones comenzaron a girar, se abrió un gran canal de luz hacia el Universo y se instaló en ese lugar una dimensión diferente. A través de ese canal el Universo fluía hacia aquí y se unía con la Tierra.

En un momento, mientras contemplábamos esa imagen, nuestra consciencia fue llevada hacia dentro de la gota de sangre y allí vimos, de forma muy rápida pero intensa, la escena final de la Crucifixión de Jesús:

Los ángeles nos aproximaron hasta los pies de la Cruz, en el Monte Calvario. Allí estaba la Virgen María, así como también varios soldados romanos y otras personas que participaban de ese momento. Todo estaba oscuro, pero al mirar hacia la Cruz, vimos una intensa luz blanca que descendió sobre Jesús y su cuerpo estaba iluminado. Luego, Él levantó Su cabeza; estaba todo lastimado, muy herido, y gritó, con voz fuerte: “Elí, Elí...” (uno de los 72 nombres de Dios). Al decir estas palabras, de inmediato se vio el cuerpo de Jesús totalmente translúcido, transparente, era un canal que unía el Cielo con la Tierra. Al decir esas palabras, el sonido se expandió primeramente hacia todas las regiones de la Tierra, luego prosiguió hacia fuera del planeta hasta llegar a los confines del Universo, parecía que ese sonido hacía vibrar todos los espacios.

Allí vimos cómo, desde el Universo del Padre, Dios escuchó la Voz de Su Hijo y en ese instante el Padre mostró a todos, en el Calvario, quién era Jesús...

Se observaba que fuera del planeta había miles de ángeles y seres de luz que se congregaron de todas partes del Universo. Estaban todos atentos y expectantes a ese gran momento.

Después de que Jesús pronunció esas palabras, exhaló y murió. Entonces, todos esos seres de luz se movilizaron en dirección a la Tierra para mostrar que Él era el Hijo de Dios.

La magnitud de esa escena nos sobrecogió, pues era grandiosa e intensa.

Finalizada esa escena, nuestra consciencia fue traslada al lugar donde se encontraba el grupo en oración. Allí apareció, en el centro del grupo y dentro de esa coyuntura especial, la presencia de Padre Pío. En ese momento se mantenía viva y presente la imagen de la estrella y los dos corazones. Padre Pío nos pidió que observemos con atención la imagen. Entonces, apareció tan solo la mano de un ángel la que escribió, con letra cursiva, un enunciado por encima y por debajo de esa estrella:

“Sacratísimos y Benditos (escrito por encima de la estrella)

Corazones de Jesús y de María” (escrito por debajo de la estrella).

Momentos más tarde, el Padre Pío, refiriéndose al significado de la estrella dorada de seis puntas, agregó la siguiente frase:

“La Bendita Trinidad que descenderá sobre la Nueva Humanidad”

Después de todo esto, el Padre Pío comenzó a dictar el siguiente mensaje:

La veneración a estos dos Sagrados Corazones, despertará el consuelo y curará a las almas, reparándolas bajo el esplendor de la Luz de estos Sacratísimos Corazones que, renovados por la efusión de la Bendita Trinidad, aliviarán el peligro que pueda vivir cualquier alma sobre la Tierra.

La unión con estos dos Sagrados Corazones aproximará a la humanidad a la unión con el Espíritu Santo, el que despertará, a través del amor por los Sagrados Corazones, una sabiduría insondable que armonizará el interior de cada corazón, pacificándolo.

La fusión de cada ser con los dos Corazones al unísono, cultivará el poder de la mansedumbre y de la humildad que Jesús y María viven como Consciencias Omnipresentes del Altísimo. La unión perfecta de cada alma con los dos Sagrados Corazones regenerará la vida espiritual que haya sufrido heridas profundas, para que siendo iluminada por Ellos, la humanidad se aproxime a la reconciliación, para poder vivir la Ley del Señor, los Mandamientos, que cada ser deberá volver a ejercitar por el Bien y por la Paz del mundo.

La contemplación y la adoración a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, les permitirá resplandecer en la vida espiritual y en la oración de cada criatura. Estos dos Sagrados Corazones, unidos espiritualmente a los dones del Espíritu Santo, irradian hacia la humanidad, como emblema, las grandes virtudes que cada alma debe practicar como lo son: la Sabiduría, la Ciencia y el reconocer en todas las cosas el Santo Amor de Dios.

En la fusión de cada ser con la Estrella de la Paz, el triángulo orientado hacia abajo, fusiona a la Nueva Humanidad con todos los dones creadores de Dios (dones del Espíritu Santo), y el triángulo que se dirige hacia arriba se encuentra en perfecta armonía con el Espíritu Santo, con su venida anunciada por el Maestro Jesús; esto es posible por medio de la amorosa intervención divina de los Benditos Corazones de Jesús y de María.

En esta señal divina y espiritual para la actual humanidad, ustedes podrán contemplar y meditar cómo, a través del Bendito Corazón de Cristo se alcanza la trascendencia y la transfiguración de cada alma, mediante la acción poderosa de las Sagradas Sangre y Agua que una vez fueron derramadas por Él sobre toda la humanidad. Por intermedio del Inmaculado y Bendito Corazón de María la humanidad podrá, en este tiempo de definiciones, retornar a los brazos de Dios.

A través del encuentro con el Bendito Corazón de María, toda alma impregnada de sinceridad podrá hallar las virtudes espirituales de la Madre Divina, como lo son la Pureza, la Abnegación, el Silencio, el Amor Incondicional y la Entrega, virtudes que cada alma necesita para este tiempo de la humanidad.

La consagración a los Benditos y Sacratísimos Corazones de Jesús y de María, estará amparada como un don, bajo la protección de la Bendita Trinidad, que representa para el mundo un poder inalcanzable, y la unión con los dos Benditos Corazones despertará una alianza verdadera de las almas con Dios.

Los Benditos Corazones de Jesús y de María llegan renovados en Espíritu, Virtud y Ciencia, para que las almas se aproximen al encuentro con el Padre del Universo. Por esto hoy, en este día de inmensa Gloria Celestial, mi corazón de Padre y de Sacerdote de almas, les revela para todos el Don especial que Dios, por Amor, les manifiesta a través de la veneración y la adoración a los Sacratísimos Corazones de Jesús y de María.

En la bendición paternal,
        San Pío de Pietrelccina.


“Sacratísimos y Benditos Corazones de Jesús y de María,
motivo de nuestra Redención, Misericordia y Alegría,
rueguen por nosotros
amorosamente ante Dios.
Amén”

Esta oración fue entregada al final del comunicado por Padre Pío, para que sirva de instrumento de unión al momento de venerar y adorar a los Sacratísimos Corazones.

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