Apariciones de María

Nuevo
Lunes, 12 de junio de 2017

Vengo a servirme de la pureza, que aun le resta al mundo, para cumplir los designios de Dios; para traer al mundo la paz y el fin de muchas cosas que hoy suceden en el mundo.

Vengo a abrir la puerta a una nueva Iglesia.

Vengo a traer una solución para las almas.

Vengo a construir, en las nuevas moradas, cimientos más fuertes que puedan soportar el fin de los tiempos y, así, vivir el próximo retorno de Cristo.

Por eso, vengo al origen, desde donde todo comenzó en la superficie de este planeta. Vengo, así, a corregir lo que Mi Hijo Me ha pedido. Por eso Me sirvo de los corazones simples, de los corazones que oran, en fidelidad, a Mi Corazón Inmaculado, para que, de esa forma, su Madre Celeste pueda descender más Gracia a la humanidad. Si esa Gracia no fuera concedida, en estos tiempos, por la divina intercesión de su Madre Santísima, el mundo perdería, totalmente, la paz y las cosas empeorarían, al punto de no poder soportarlo.

Por eso, deseo el bien para Mis hijos.

Por eso, busco la cura de los corazones, para que esa iglesia eterna que está dentro de ustedes, finalmente pueda surgir y ya no sea algo más desconocido.

Por eso, Yo iré hasta el final, hasta donde el Padre Me lo permita, porque deseo reconstituir, en las almas, una verdadera religiosidad y fe, para que puedan comprender a Mi Hijo cuando Él vuelva; porque Él retornará diferente, diferente a como Él nació en el pasado. Ahora Él vendrá en Su Gloria, trayendo en Su mano el Cetro de Dios, para poder gobernar, así como Él hoy gobierna en los Universos. Así la humanidad conocerá Su soberanía, la autoridad celestial que el Padre Eterno le ha confiado por ser Su Unigénito.

Así, el mundo también podrá conocer la Ley. Y después de haberse purificado, podrá vivir las Leyes del Universo que gobiernan a muchas estrellas y soles. Aún falta que este mundo se pueda redimir totalmente; pueda vivir en su interior la verdadera iglesia, aquella que fundó Mi Hijo hace más de dos mil años atrás, porque Él traerá, con Su retorno, los principios para una nueva humanidad.

Por eso, vengo a anunciar este tiempo que llegará al mundo. Todas las almas aún tienen tiempo de poder arrepentirse, de vivir la penitencia y de orar, de corazón, a Dios por muchos que hoy no oran, no miran a Dios y se olvidan de Su Reino Celestial.

Por eso, vengo a la cabeza, de donde todo ha comenzado, para entregarles las verdaderas llaves, que son puras, inmaculadas y divinas, y que provienen del Reino de Dios, de la Fuente de Su Divina Ciencia.

Así, Yo les traigo el verdadero conocimiento de su existencia, de lo que aún el hombre necesita conocer. Algo que está lejos de la vida superficial, material y mental.

Aproximo, para todos, el Universo de Dios y todo lo que Él ha concedido desde el principio, lo cual, el Padre espera que la humanidad futura pueda vivirlo plenamente, dejándolo de ofender, dejándolo de ultrajar y dejando de ser indiferentes a Su divina existencia.

El mundo no termina en lo superficial. Este planeta, creado por la Voluntad del Padre, tiene su gran consciencia. Él puede ser infinito cuando la humanidad sea infinita en sus acciones, en su caridad, en el respeto y en el servicio a toda la Creación. Mientras esto no suceda de verdad, el mundo aún sufrirá mucho y perderá la luz de su propia Iglesia, no encontrando ningún sentido a su camino espiritual, a la obra que Dios les ha confiado, desde el principio de esta Creación.

El Señor necesita que sean honestos, primero con ustedes mismos, con su vida material, con su camino espiritual y, sobre todo, con sus definiciones. Así, podrán corresponder a Dios que tiene Su Corazón ofendido por lo que los hombres realizan en esta humanidad, y en el planeta, en la vida material, en la religión, en la vida universal.

La humanidad debe vivir un gran cambio. Por eso, Mi amado Hijo Me envía al mundo por última vez, y a la cabeza de esta Iglesia, para que Mis hijos puedan corresponder, verdaderamente, abandonando la apariencia, la mentira y todo el engaño que se gesta, día a día, en la superficie de este planeta.

Si, al menos, una minoría de esta raza mirara con compasión a los Reinos de la Naturaleza, todo podría ser revertido con el servicio verdadero de muy pocos.

Quiero que miren hacia el Cielo y busquen su verdadero origen, su verdadera morada, a donde deberán retornar algún día, al fin de sus días.

Vengo a conducirlos por un nuevo camino, así como Dios Me condujo, a Mí, hasta el momento de Mi ascensión, cuando los ángeles Me recibieron en la humildad de su Sierva.

Las últimas llaves están siendo entregadas. No las vuelvan a perder, porque no habrá otras. Por eso, oren por los que están enfrentando el fin de los tiempos y guían a grandes rebaños, para llevarlos, a todos, hacia el Corazón de Dios.

Oren por aquellos que se arriesgan para generar un gran cambio en la humanidad, en la vida espiritual, en el camino apostólico y en la vida religiosa, porque es muy necesario ese cambio. Él podrá hacer la diferencia de que gran parte de esta humanidad pueda ser sacada de su abismo, a fin de que puedan encontrar a Mi Hijo, como el más pobre entre los pobres, como el más moribundo entre los moribundos, como el más irreconocible, que será escuchado por Su palabra sabia. Así sabrán que es Él, que ha retornado en el corazón de los hombres justos que viven en la Ley de Dios y que la practican, que la difunden como semillas que son sembradas en la tierra.

Necesito que vivan este mensaje por aquellos que no lo vivirán. Les pido que sean Mi mensaje de paz en el mundo. Así, muchos más se podrán salvar a tiempo y evitaremos que más lágrimas y sangre sean derramadas en la humanidad. Eso ya no es justo para Dios. Eso no es parte de Su Justicia Divina. Así, las guerras de hermanos contra hermanos cesarán y la Luz de Mi Corazón Inmaculado, podrá ser la gran Estrella para el mundo, sumergido en el abismo de la ilusión, de la vanidad y de la indiferencia.

No quiero que Mis hijos, de la Iglesia de Cristo, sean omisos e indiferentes, o que busquen su propia realización. Quien sigue a Mi Hijo, asume su purificación y su entrega, porque Dios tendrá misericordia. Su Océano es infinito e inagotable.

Deseo, como Madre, que todos encuentren la paz, porque la paz los ayudará a encontrar el camino que muchos perdieron, hacia el Corazón del Cristo.

El mundo deberá liberarse de todo lo que ha hecho. Por eso, Dios ha decidido comenzar aquí, tomando, entre Sus manos, el barro más impuro para convertirlo en un recipiente, en un instrumento precioso, tan semejante y luminoso al Amor de Su Corazón. Eso ayudará a que, millones de almas, no pierdan su fe en lo que han confiado sobre esta superficie.

Así los preparo, queridos hijos, para que estén Conmigo en los tiempos difíciles. La educación primaria ya terminó. Es hora de vivir la universidad de los tiempos, donde todo está en juego, hasta la mínima chispa de esta Creación.

Los amo y los bendigo, agradeciéndoles a los presentes, y a los que Me escuchan, por haber respondido a este especial llamado por Roma.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Descargar